Hormigón de cáñamo: De los puentes romanos a un posible material del futuro

La innovación del hormigón de cáñamo como material de construcción radica en su función como material de rendimiento múltiple. Puede reemplazar completamente los agregados minerales en hormigones convencionales, e históricamente se agregó a hormigones y morteros para evitar retracciones en yeso o ladrillo de arcilla [3]. Cuando se cura retiene una gran cantidad de aire, con una densidad equivalente al 15% del hormigón tradicional, lo que lo convierte en un excelente aislante térmico y acústico. Una característica interesante del material es que es un buen aislante térmico y tiene una alta inercia térmica [4]. Es decir, aunque ligero y poroso, el cáñamo puede almacenar energía rápidamente y liberarla gradualmente, haciéndola efectiva para climas con variaciones de alta temperatura entre el día y la noche. También tiene buena resistencia al fuego, no es tóxico y es naturalmente resistente al moho y a los insectos. Incluso hay encuestas que apuntan a que el hempcrete es un material con carbono negativo, que además de compensar el carbono emitido en la producción, en realidad almacena carbono adicional dentro del propio material.

La utilización del cáñamo para la construcción civil tampoco es nueva. El hormigón de cáñamo fue descubierto en los pilares de los puentes construidos por los merovingios en el siglo VI, en lo que hoy es Francia. También se sabe que los romanos usaban fibra de cáñamo para reforzar el mortero en sus edificios.

En el último caso, el material puede usarse como un aislante termoacústico, muy parecido a la lana de vidrio o la roca, o como concreto de cáñamo, a menudo llamado hempcrete. Para crearlo, se debe mezclar cáñamo, piedra caliza en polvo y agua para obtener una pasta espesa. A través de reacciones químicas entre los componentes, la mezcla se petrifica y se convierte en un bloque ligero, pero bastante resistente.