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octubre 14, 2025

Edificios vivos: hongos que reinventan la arquitectura

La construcción está viviendo una auténtica revolución silenciosa. En los laboratorios europeos, un grupo de investigadores está experimentando con materiales que no solo se fabrican, sino que crecen, se regeneran y responden al entorno. Inspirados en la naturaleza, estos científicos están utilizando hongos y bacterias para crear lo que ya se conoce como “edificios vivos”: estructuras que podrían cambiar por completo la manera en que concebimos la arquitectura y la sostenibilidad.

El proyecto Fungateria, financiado por la Unión Europea, es uno de los pioneros en este campo. Su objetivo es desarrollar materiales vivos —denominados engineered living materials (ELM)— que combinan redes de micelio (la parte subterránea de los hongos) con bacterias capaces de controlar su crecimiento. El resultado es un material biológico que puede autorregenerarse cuando sufre daños, adaptarse a los cambios ambientales e incluso capturar CO₂, actuando como un filtro natural dentro de los propios edificios.

Uno de los hongos más prometedores en estas investigaciones es el Schizophyllum commune, capaz de crecer alimentándose de residuos agrícolas o forestales. Gracias a esto, se abre la posibilidad de producir materiales a partir de desechos orgánicos, reduciendo el impacto ambiental y el consumo de recursos vírgenes. Sin embargo, el crecimiento del micelio debe ser cuidadosamente controlado: si se deja sin supervisión, podría degradar otros elementos estructurales o continuar expandiéndose más allá de lo deseado. Por eso, los equipos de investigación están explorando formas de “programar” estos materiales para que se detengan en el momento justo, utilizando señales como la luz, la temperatura o la ausencia de nutrientes.

Una nueva era para la construcción sostenible

El potencial de esta tecnología es enorme. Los materiales vivos podrían reducir drásticamente los residuos de construcción y demolición, una de las principales fuentes de contaminación del sector. Además, al sustituir parte del cemento y el hormigón por materiales biológicos, se conseguiría disminuir las emisiones de CO₂, ya que estos últimos no requieren procesos industriales tan intensivos en energía. También permitirían crear edificios más duraderos, capaces de repararse por sí mismos, y con una interacción más natural con el entorno: imaginemos fachadas que cambian de textura con la humedad o estructuras que “respiran” con el clima.

Pero no todo son ventajas inmediatas. El uso de organismos vivos plantea desafíos científicos, técnicos y normativos. Los investigadores deben garantizar la seguridad estructural de los materiales y comprobar que su comportamiento biológico sea predecible a largo plazo. Además, aún existe cierta resistencia social y regulatoria: la idea de habitar un edificio que “está vivo” genera tanto fascinación como cautela. Por eso, los próximos años serán clave para definir estándares y demostrar que esta tecnología puede ser segura, escalable y beneficiosa para el conjunto del sector.

El futuro que crece

Aunque todavía se encuentra en fase experimental, el equipo de Fungateria espera tener prototipos funcionales hacia finales de 2026. A medio plazo, se prevé que los primeros edificios que integren estos materiales sean estructuras híbridas, donde el esqueleto principal se construya con madera o acero, mientras que los elementos vivos —basados en micelio— actúen como una “piel inteligente” que recubre y protege la estructura.

Lo que hace apenas unos años parecía ciencia ficción hoy se perfila como una alternativa real a la construcción tradicional. La arquitectura del futuro podría dejar de ser una actividad puramente extractiva para convertirse en un proceso biológicamente integrado con la naturaleza. En lugar de levantar muros inertes, podríamos ver surgir edificios que crecen, se adaptan y se regeneran, abriendo una nueva etapa en la relación entre tecnología, sostenibilidad y vida.

CTCON y la innovación en materiales sostenibles

En el Centro Tecnológico de la Construcción (CTCON) trabajamos día a día para impulsar este tipo de avances hacia una edificación más sostenible, eficiente y respetuosa con el entorno. A través de proyectos de investigación en biomateriales, economía circular y eficiencia energética, exploramos nuevas formas de construir que reduzcan el impacto ambiental y mejoren la calidad de vida de las personas. La innovación basada en la naturaleza, como la que representa el auge de los materiales vivos, demuestra que el futuro de la construcción será más verde, más inteligente y, sobre todo, más vivo.

Fuente: https://elpais.com/ciencia/2025-09-22/de-los-hongos-a-la-reinvencion-de-la-arquitectura-el-auge-de-los-edificios-vivos-y-autorreparables.html